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Bio

"Empiezo con una idea. Nunca me sale y cuando me pierdo y me dejo fluir es cuando encuentro el camino".

 


Veinte años. Veinte años ha tardado Rox Lawson en encontrar su camino. Un camino que comenzó en una casa blanca del barrio de San Isidro del Buenos Aires de finales de los sesenta. Las calles vacías, la mañana fresca de invierno, manos cálidas la envuelven en lanas entretejidas de cariño. En una esquina el padre contempla con orgullo sus ojos inmensos, siempre anhelantes, siempre ávidos de vida.


La niñez transcurre entre clases en la Nacional y tardes con la abuela. Rox niña la observa con deleite transformar telas en sedas de princesas. La madre en las horas muertas contornea figuras con la destreza del tío Luigi, el luganés que vistió con sus mejores galas al Teatro Colon de Buenos Aires, admirado por generaciones, orgullo de familia.

Tras la escuela, Rox siente su primera llamada. Recorrer el mundo aprehendiendo gentes y lenguas. Estudia hostelería. Los primeros viajes a Europa. Lugano, hogar de la familia materna. Las clases en Dusseldorf y el París de los noventa, donde conoce a un piloto de la RAF al que unirá su destino. Boda relámpago, vuelta a Argentina para la ceremonia religiosa y después su primer hogar en las Highlands.



​Por unos años, la vida de Rox Lawson se concentra en una granja entre Aberdeen e Inverness. La naturaleza marcará sus días. Los páramos de Escocia, la hierba, el viento y la lluvia. Las tardes horneando cerámicas, policromando maderas, embebiendo papeles en yeso. Y en cada vuelta a su patria, las visitas a atelieres donde comparte oleos y secretos. Después llegarán Matt y Scott. La familia se completa.



"Me inspiro en las fuerzas de la naturaleza, en la tierra y sus colores. Me planteo las obras sin una idea particular y voy experimentando con las diferentes técnicas dejando fluir mi creatividad."

En 2.004 la familia se traslada a Portugal y se instala en Sintra. Las mismas colinas verdes, la misma humedad de Escocia. Pero los días se alargan, henchidos de la luz brillante del Atlántico. La vida se construye alrededor de la terraza, la cocina y la huerta. Nuevos amigos, siempre excelente anfitriona, nueva lengua. Instalada en su nuevo hogar, Rox sueña y la pulsión de crear se despierta.

 

"Mi paleta está relacionada con la tierra y la vida. Utilizo el arte para canalizar el exceso de energía de un modo terapéutico. No solo creo con pinceles. También me encanta crear en la cocina y en el jardín."



Veinte años ha tardado Rox Lawson en encontrar su camino. En dejar que la creatividad acumulada en su sangre de artista fluya en una obra original y expresiva. Una expresividad que aúna materiales cotidianos con ocres, sienas y esmeraldas, los colores de la naturaleza prendidos en su alma viajera. Construyendo un universo particular sobre lienzos cargados de texturas y sentimientos.



"Cuando fluye la creatividad no puedo pararme. A veces estoy horas en el estudio hasta que el cuerpo no aguanta. Me cuesta dar por terminados los lienzos, siempre vuelvo sobre ellos una y otra vez pues, en palabras de Da Vinci, una obra de arte nunca se termina, solo se abandona".

 

by Concha Huerta